Ya pasaron unas semanas desde se armó todo el lío del
manifiesto, y aparte de hacer
mucho ruido y acaparar un tanto la atención de
los medios, los resultados no han sido los que se esperaban: la infame
disposición final del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible continúa en su sitio, y aunque le queda mucho recorrido para convertirse en ley y empecemos a ver el cierre de webs, o al menos su migración a servidores extranjeros, aún estamos como al principio, cuando se hicieron públicas las intenciones del gobierno.
¿Qué les importa el ruido que hagamos? Al fin y al cabo, tienen la sartén por el mango, al menos hasta las próximas elecciones. Ha quedado comprobado que nuestra opinión tiene menos peso que la de la industria del entretenimiento, instigadora de este intento de vulneración de nuestros derechos fundamentales. Sabiendo esto,
tal vez sea una buena idea presionar a la industria para tratar de convencerla de que está luchando contra las personas que les dan de comer, y la única forma de presionar a la industria es hacerlo donde más les duele: en el bolsillo.Por este motivo propongo, desde mi humilde blog, un boikot a la industria del entretenimiento, siguiendo estos sencillos pasos:
- No comprar ningún producto distribuido físicamente a precios abusivos. ¿Por qué pagar más por un soporte físico cuando los costes de distribución digitales tienen costes ínfimos que pueden y deben trasladarse al cliente final?
- Utilizar servicios digitales a la hora de consumir productos de entretenimiento, como por ejemplo Spotify, para demostrar a la industria que apoyamos las propuestas interesantes.
- Si no hay distribución digital y barata de cierto artículo cultural, descargarlo de las redes de pares, ayudando en todo lo posible a la difusión digital del artículo. Recuerda, compartir no es delito, aunque lo repitan mil veces.
- Comprar productos distribuidos físicamente sólo cuando tengan un importante valor añadido: diseño, calidad de formato, extras y buen precio son unas cuantas posibilidades. La distribución física sólo tiene sentido cuando es capaz de aportar algo más que la distribución digital.
- Difundir y promover esta idea para que pueda tener una repercusión real, si somos suficientes podemos conseguir que se den cuenta de que no pueden luchar contra sus propios clientes.
- No comprar ningún producto que tenga sistemas de protección DRM, un sistema que ha demostrado ser obsoleto y contraproducente.
Esta lista está abierta a modificaciones y ampliaciones. ¿Tenéis alguna propuesta que pueda hacer más efectivo el boikot a la industria del entretenimiento?
Nota final: Esta no es la
primera propuesta de este tipo, pero creo que sí es la primera en plantearlo de forma general, no con el objetivo de perjudicar a la SGAE y a sus asociados, sino con el fin de fomentar la distribuición digital y el tan mentado cambio en el modelo de negocio de la industria del entretenimiento.