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martes, 17 de mayo de 2011

No les votes

Busca alternativas, no te conformes con los de siempre. Ve a votar pero no olvides lo que han hecho los de siempre.

No podemos perdonarles.

Debenis hacer algo para cambiar las cosas, es nuestra responsabilidad, podemos y debemos hacerlo.

lunes, 31 de mayo de 2010

Refundar la democracia


Mucho se ha hablado durante estos tiempos sobre la refundación del capitalismo, a raíz de la crisis económica provocada por los más ricos, para su propio beneficio. Al final nada ha cambiado, el capitalismo sigue tan salvaje como siempre y no me extraña: no van a ser los financieros quienes se pongan a sí mismos la soga al cuello. Ese es nuestro trabajo, no el suyo.

Pero nosotros no tenemos ningún poder. Sí claro, existe la opinión pública y todas esas chorradas, pero eso no le quita el sueño a ningún hijo de puta que, por ejemplo, da la orden para asaltar una flotilla con ayuda humanitaria en un acto de piratería y terrorismo de Estado. Por mucho cabreo que cojamos, aunque salgamos a la calle a manifestarnos como buenos ciudadanos comprometidos con las causas nobles que somos, nosotros no tomaremos ninguna decisión. Lo harán nuestros representantes.

Esas personas que ostentan el poder absoluto, aunque se de forma temporal, lo hacen de un modo más bien poco ejemplar, y me estoy quedando corto. Saben que tienen total impunidad para hacer lo que les de la gana, si tiene que caer alguna cabeza, para eso están los subalternos. Su trabajo carece totalmente de responsabilidad, al menos en los países serios se producen dimisiones cuando les salpica la mierda, aunque eso no sea responsabilidad, sino una elección personal para preservar el honor y la integridad moral, palabras de cuento de hadas en nuestra querida nación.

Creedme, nunca lo he entendido. Cada uno de nosotros, sin ningún escrúpulo, delegamos todo nuestro poder, esa soberanía que sólo ha sido nuestra después de siglos de luchas y derramamiento de sangre; se la regalamos a un partido político para que hagan con ella lo que les de la gana sin que podamos hacer nada por controlarlos, carta blanca durante cuatro años en los que se suceden negligencias, robos y daños de forma sistemática. Haciendo analogía con el capitalismo al que tanto odian algunos, es como si cada cuatro años eligiéramos un banco distinto, le diésemos todo nuestro dinero y le dijésemos: "Puedes hacer lo que quieras con mi dinero, dentro de cuatro años rendimos cuentas".

Cualquiera te diría que es una soberana estupidez, aunque los banqueros estarían realmente contentos con el trato. Igual de contentos que viven nuestros queridos políticos, tomando decisiones con las que estamos en completo desacuerdo, pasándose nuestra opinión por el forro.

El capitalismo, en el fondo, no está tan mal. Al menos no es un sistema de castas y es posible -aunque no probable- ascender en la escala social. El principal problema del capitalismo es que el control que la sociedad ejerce sobre él es ridículo. Los partidos respaldan los intereses de los financieros porque al fin y al cabo pertenecen al mismo club de gente importante. Mientras tanto nosotros, la plebe, tenemos que observar impotentes cómo expolian nuestra riqueza. Juegan con ventaja. Tienen todas las cartas, mientras nosotros debemos salvar grandes obstáculos para prosperar en esta nuestra amada democracia.

Ah, la democracia. Cómo nos gusta llenarnos la boca con esa palabra, estamos tan orgullosos de vivir en el que creemos es el régimen político más racional y humanista posible, cuando en realidad nuestros sistemas políticos tienen de democracia lo que el chorizo tiene de plato vegetariano. Los que crearon el término hace miles de años, incluso los padres de la democracia moderna, se revolverían en su tumbas si vieran el régimen de indefensión al que nosotros mismos y de forma totalmente voluntaria, nos hemos entregado. Entiendo a los millones de electores que no votan, tal vez hayan intuído la insignificancia de ese acto, tan sobrevalorado, de echar un papelito en una urna. No todos los partidos políticos son iguales, pero al final todos caen en los mismos errores. Es como para perder la esperanza.

Por suerte, no todo está perdido. Todavía quedan personas que piensan y luchan por recuperar lo que es nuestro, esa soberanía que hemos vendido a cambio de dormir tranquilos por las noches, responsabilizando a otros de lo que es nuestra más esencial obligación: gobernarnos a nosotros mismos. No todo está perdido porque las ideas bullen y estamos más cerca que nunca unos de otros gracias a la tecnología, disponemos de una capacidad de comunicación y organización con la que antes sólo se podía soñal, sólo falta aprovechar esa capacidad para volver a tomar las riendas de nuestra propia vida.

Eso es precisamente lo que están haciendo algunas personas en el desafortunadamente bautizado como Partido de Internet, la primera agrupación política que pretende devolver a los ciudadanos el poder usurpado sistemáticamente por los partidos tradicionales. Con la democracia líquida como principio de funcionamiento, este partido quiere implantar un sistema mixto a caballo entre el sufragio directo y la delegación realmente práctico e interesante.

Si este partido consiguiera representación parlamentaria en las próximas elecciones, todos los ciudadanos españoles tendríamos la posibilidad de votar directamente cualquier decisión que se tome en la vida política de nuestro país. Además, tendríamos la posiblidad de delegar nuestro voto en cualquier persona, de forma temporal e incluso para un tema concreto. Esto soluciona, de un plumazo, las graves dificultades prácticas con las que se enfrentaría una democracia totalmente directa, ya que con la posiblidad de delegar el voto podríamos dejar en manos de personas de confianza nuestro poder político.

La ventaja respecto a una formación política tradicional es evidente: no se delegan todas las decisiones en un partido durante un periodo determinado de tiempo, sino que se delega en personas que, si nos defraudan, pueden perder nuestro favor inmediatamente. Siempre tendremos el control sobre nuestra soberanía, no estará hipotecada cuatro años para que personas a las que no conocemos de nada hagan un uso irresponsable e indiscriminado de ella.

Se trata, en definitiva, de un salto cualitativo. Un soplo de esperanza en el enrarecido ambiente político de nuestro país.

Una oportunidad para redimir nuestros errores. Sí, nuestros. Nosotros somos los responsables, y no nuestros representantes. Somos nosotros los que les hemos dado carta blanca, y sólo nosotros podemos recuperar lo que, por derecho, nos pertenece.


martes, 17 de noviembre de 2009

Las ventajas de la élite política



Además del encanto propio que tiene el poder, la clase política de nuestro país -y seguramente en otros países democráticos no sea muy distinto- disfruta de importantes ventajas fiscales, ya que perciben buena parte de su sueldo en dietas libres de impuestos.

Lo acabo de leer en esta noticia, y aunque no suelo comentar la actualidad, no creo que esta situación vaya a cambiar, ni a corto ni a largo plazo, a menos que nos plantemos y les bajemos el sueldo nosotros mismos, ya que no son tan estúpidos como para bajárselo ellos mismos. Como clase privilegiada tienen la sartén cogida por el mango, e independientemente de su ideología todos practican el sano egoísmo que les permite, por ejemplo, no tributar a Hacienda entre el 21 y el 36% de su salario, en el caso de senadores y diputados. Evidentemente no es necesario que justifiquen este porcentaje de su sueldo destinado supuestamente a gastos de viaje, alojamiento y manutención, ya que se presupone en ellos innata bondad y buena fe.

De todos modos, donde mejor quedan patentes las ventajas de pertenecer a esta élite formada por 4.381 altos cargos en toda nuestra geografía, es el reglamento que ellos mismos aprobaron y que les garantiza la pensión máxima después de 7 años de cotización, cuando el resto de los mortales tenemos que trabajar 35 años para alcanzar el mismo privilegio.

El coste total de mantener a toda esta élite gobernante asciende -según dice la noticia antes mencionada- a 181 millones de euros sólo en sus sueldos ordinarios, y eso sin incluir las fantásticas dietas libres de impuestos. Este ese el enorme lastre que tenemos que arrastrar todas las personas trabajadoras y productivas, a miles de parásitos que trabajan poco, viven como príncipes y además están extentos de cualquier responsabilidad real, tal y cómo se ha demostrado ya varias veces en la breve historia de nuestra democracia.

lunes, 26 de octubre de 2009

Qué es autogobierno

Cuando se habla de autogobierno en la calle o en los medios de comunicación, se suele hacer referencia a reivindicaciones nacionalistas, cuando este término poco tiene que ver con dicha corriente política. Quería hacer una aclaración al respecto.

El nacionalismo es una doctrina política basada en un sentimiento personal de pertenencia a un territorio, muchos son los argumentos esgrimidos para dividir el mundo en naciones: raza, lengua, costumbres y otros factores históricos que inducen a sus creyentes a pensar que son diferentes de sus vecinos, y por tanto deben gobernarse a sí mismos. De ahí que los nacionalistas, especialmente los que buscan la secesión de su territorio actualmente contenido en una nación más grande usen el término autogobierno para defender sus reivindicaciones.

Para entender lo que significa autogobierno, debemos comprender primero qué es el gobierno. Éste consiste esencialmente en el ejercicio del poder, la elección de las leyes y su puesta en práctica. Reune los tres poderes y es el resumen de la vida pública o política. Tradicionalmente este ejercicio ha estado en manos de élites más o menos exclusivas y numerosas: monarcas, aristócratas y políticos que se han dedicado con mayor o menor acierto a gobernar a los demás en un dudoso afán altruista. Todas estas formas de gobierno en las que una minoría decide sobre la totalidad de la sociedad son exogobiernos, donde otras personas -supuestamente mejor calificadas que nosotros para su tarea- deciden qué es bueno o malo para nosotros y condicionan nuestras vidas de forma determinante.

El autogobierno es la negación absoluta de este sistema tradicional en el que vivimos inmersos. Consiste en el ejercicio del gobierno de forma individual en todos sus aspectos, tanto en la vida pública como en la privada; elegir libremente y de forma consciente las normas que pensamos que son correctas y justas y después aplicarlas a nuestra actividad diaria. Implica cuestionarse cualquier imposición externa, diseccionarla y tal vez encontrarle un sentido para interiorizarla, o bien descubrir la falacia o la injusticia encubiertas en ella y descartarla por no estar a la altura de nuestras expectativas.

Es difícil gobernarse a uno mismo cuando el estado, en su afán regulatorio y paternalista, vulnera una y otra vez los derechos más fundamentales del individuo en aras del bien común, el interés general o la salud pública. No nos queda mas remedio que acatar sus normas para disfrutar de los privilegios de pertenecer a un estado moderno; tenemos pocas opciones para vivir de acuerdo con nuestros principios: vulnerar la ley cuando ésta contradice nuestro fuero interno y acatar las consecuencias, o exiliarse de la sociedad y vivir al margen del mundo "civilizado".

Por supuesto ningua de estas opciones es satisfactoria. Serían necesarios importantes cambios en el sistema político y económico para que lleguemos realmente a gobernarnos a nosotros mismos, siendo completamente libres de elegir nuestro camino en la vida. No confundir esta idea con que "todo el mundo haga lo que le de la gana". Nada más lejos de la realidad, ya que la pretensión del autogobierno no es la atomización de la sociedad en individuos aislados y egoístas, sino la refundación del orden social de modo que todas las relaciones -públicas y privadas- sean entre iguales, una suerte de asociación voluntaria donde las normas y reglas de convivencia sean de común acuerdo, y no una imposición cuyo único fin sea la perpetuación de un orden obsoleto.

jueves, 27 de agosto de 2009

Qué pasa en el parlamento vasco

Leo en Barrapunto sobre el nacimiento de un proyecto encomiable: Parlio, una plataforma de información clara y sencilla de lo que sucede día a día en el parlamento vasco. Esta información ya estaba disponible al público en la web del parlamento vasco, pero de una forma poco clara y entendible para el ciudadano común.

Es una lástima que los creadores del proyecto tengan que recabar la información de forma artesanal, es decir, analizando la web y extrayendo los datos mediante complejos procedimientos que habrá que modificar en el caso de que la web del parlamento vasco sufra algún cambio estructural. Para evitar este engorro sería necesario que los administradores de dicha web dieran acceso a su base de datos.

¿Cómo es posible que el acceso a esa información no sea público? Estas personas -al menos en teoría- trabajan para nosotros, son nuestros representantes y deberían permitir el acceso claro y directo a toda la información que manejan. ¿Qué motivos podrían tener para encubrir su actividad?

Desde este humilde blog, mis más sincero apoyo al proyecto Parlio; espero que prospere y surjan iniciativas similares, tanto en el resto de gobiernos autonómicos como en el gobierno central. También sería interesante realizar algún tipo de petición formal para que el Parlamento Vasco permita el acceso a sus Bases de Datos, no ya a todo el mundo, que seguro que sería mucho pedir, sino al menos a los administradores de Parlio, para que no tengan que ir rompiéndose la cabeza para obtener una información que por derecho nos pertenece a todos.

domingo, 12 de julio de 2009

Rousseau contra la democracia representativa




Antes de empezar, aclarar que no soy un experto en política. He leído recientemente El contrato social, libro en el que tenía entendido que está fundamentada la democracia representativa, es decir, el régimen político más extendido en la actualidad. Al parecer mis ideas sobre las teorías de Rosseau distaban mucho de ser correctas. No estoy seguro de si es un error personal o por el contrario he sido adoctrinado en esta idea, incluso es posible que esté malinterpretando las palabras del autor. Pero júzguenlo ustedes por sí mismos:

La soberanía no puede ser representada por la misma razón de ser inalienable; consiste esencialmente en la voluntad general y la voluntad no se representa: es una o es otra. Los diputados del pueblo, pues, no son ni pueden ser sus representantes, son únicamente sus comisarios y no pueden resolver nada definitivamente. Toda ley que el pueblo en persona no ratifica, es nula. El pueblo inglés piensa que es libre y se engaña: lo es solamente durante la elección de los miembros del Parlamento: tan pronto como éstos son elegidos, vuelve a ser esclavo, no es nada. El uso que hace de su libertad en los cortos momentos que la disfruta es tal, que bien merece perderla.

Parece quedar claro que, al menos en la opinión de Rousseau, la delegación del poder es una práctica antidemocrática, ya que es imposible representar la voluntad común a traves de la voluntad de unos pocos. Es curioso que lo considere también antimonárquico, por la sencilla razón de que siendo la monarquía el gobierno de uno solo, delegar el poder desvirtuaría los principios de dicho sistema político.

Entonces, ¿de dónde surge la práctica de utilizar representantes que ostentan un poder que no es propio? El mismo autor nos lo aclara:

La idea de los representantes es moderna; nos viene del gobierno feudal, bajo cuyo sistema la especie humana se degrada y el hombre se deshonra. En las antiguas repúblicas, y aun en las monarquías, jamás el pueblo tuvo representantes. Es muy singular que en Roma, en donde los tribunos eran tan sagrados, no hubiesen siquiera imaginado que podían usurpar las funciones del pueblo, y que en medio de una tan grande multitud, no hubieran jamás intentado prescindir de un solo plebiscito. Y júzguese, sin embargo, de los obstáculos que a veces ocasionaba la turba, por lo que sucedió en tiempo de los gracos, en que una parte de los ciudadanos votaba desde los tejados.


Todo esto parece indicar que Rousseau concebía la democracia como un gobierno directo del pueblo, es decir, un estado político en el que toda la población era la encargada de elaborar las leyes. Esto puede parecer imposible hoy en día, pero al parecer se llevó a cabo en la antigüedad con bastante éxito:

No teniendo la autoridad soberana otra fuerza que la del poder legislativo, no obra sino por medio de las leyes, y siendo éstas actos auténticos de la voluntad general, el soberano sólo puede proceder cuando el pueblo está reunido. El pueblo reunido, se dirá, ¡qué quimera! Lo será hoy; pero no lo era hace dos mil años. ¿Han cambiado por ventura, los hombres de naturaleza?

Los límites de lo posible, en lo moral, son menos estrechos de lo que nos imaginamos: los reducen nuestras debilidades, nuestros vicios, nuestros prejuicios. Las almas bajas no conciben los grandes hombres. El vil esclavo sonríe con desprecio al oír la palabra libertad.

Por lo que se ha hecho consideremos lo que se puede hacer. No hablaré de las antiguas repúblicas de Grecia, pero la república romana era, me parece, un gran Estado y Roma una gran ciudad. [...] ¡Qué de dificultades no habría para reunir frecuentemente el inmenso pueblo de esa capital y de sus alrededores! Sin embargo, el pueblo romano se reunía casi todas las semanas y en ocasiones más de una vez. No solamente ejercía los derechos de la soberanía, sino parte de los del gobierno. Trataba y conocía de ciertos asuntos, juzgaba ciertas causas, y todo ese pueblo era, ya magistrado, ya ciudadano. [...] Deducir lo posible de lo que existe, me parece consecuencia lógica.

Desde mi humilde punto de vista, estas palabras sugieren que nuestro sistema de gobierno no tiene nada de democrático; se trataría en todo caso de una aristocracia encubierta; entendida ésta como el gobierno de una élite, que en este caso está formada por la clase política, un reducido subconjunto de la sociedad cada vez más ideológicamente uniforme y que se ha ido alejando paulatinamente de los intereses comunes hacia sus propios intereses corporativos y personales.

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